"Los mapuches eran hijos de la tierra desde antes que existiera la
memoria, y en los bosques, obedeciendo los dictados del admapu,
aprendieron a tratar a las plantas como a hermanas menores, porque son
puras y no huelen mal ni necesitan bañarse como los mapuches, sólo
despiden fragancia, y cuando las golpeamos no pueden defenderse, pero si
las tratamos con cariño curan nuestras
enfermedades y nos dan alimento, vigas y paja para nuestras rucas, leña
para nuestros fogones, varas para nuestras armas, y por eso los mapuches
esperan, para comerlas o preparar con ellas su chicha, a que las frutas
estén maduras, y los árboles nos las entregan con agradecimiento para
que llevemos lejos las semillas y de ellas broten nuevos vástagos, y
cuando tenemos necesidad de cortar un árbol viejo plantamos un arbolito
joven en su lugar, y si es frutal plantamos dos, y enseñamos a nuestros
hijos a que respeten las flores, porque tienen vida, y a cortar sólo las
que estén abiertas y a punto de caer, y aprendieron también nuestros
antepasados, y nos lo enseñaron a nosotros, que los animales eran
igualmente hermanos nuestros, y por eso comprendemos sus voces y por sus
miradas adivinamos si están tristes, enfermos, cansados y admiramos sus
costumbres, porque los machos no abusan de las hembras y las hembras no
aceptan al macho cuando están preñadas, y tienen sus crías en primavera
cuando el bosque recupera su fuerza, y los animales no beben chicha
aunque estén muriendo de sed, ni comen trapi ni nada de lo que no deben
comer aunque padezcan hambre, y en eso son mejores que los mapuches, y
no se hacen malones unos a otros y sólo se matan para devorarse por
necesidad, y no atacan si no son atacados, y nos dan su carne, su
sangre, su lana, su sebo, su leche, sus huesos y, desde que los winkas
los trajeron a esta tierra, los caballos también son amigos nuestros y
nos transportan de un lado a otro y el buey tira de nuestros arados, por
eso los mapuches, siguiendo la enseñanza del admapu, nunca golpeamos a
los animales sin motivo, ni matamos a la hembra que pueda tener crías ni
comemos la carne de un animal en celo, y si hemos de matar a un animal
para comerlo, lo aturdimos con la macana antes de desangrarlo, y por eso
los animales saben que somos sus peñis y no huyen de nosotros y se
acercan a servirnos, y cuando bajaron las aguas, los primeros mapuches
aprendieron también a construir sus rucas a orillas de los ríos, a
conocer las vertientes secretas de las quebradas, a cavar fozos
profundos y a ser amigos del agua y a cuidarla y mantenerla siempre
limpia...
... ¡Inche ta Pelantaru! (¡yo soy Pelantaro!)
Yo soy el vencedor de Curalaba, yo derroté al gran Loyola y la cabeza
del viracocha que aquí yace a mis pies ha recorrido nuestros cuatro
butalmapu, a los que hoy se agregan los peñi del Huillichenmapu que han
venido a este butacoyag desde las tierras de más adelante (de más al
sur). Esperaremos el momento propicio y juntando nuestras fuerzas
formaremos entonces el malón más grande que jamás haya recorrido la
tierra, y nos pondremos en marcha lentamente y quitaremos a los
españoles sus caballos, los despojaremos de sus ganados, quemaremos sus
estancias y no bastarán al rey de España todos los hombres que pueda
enviar para salvar los fuertes y ciudades que hoy les estamos
arrebatando, y al vencer a los valientes y feroces guerreros españoles
más lucirá el valor de los mapuche, que a nadie enorgullece derrotar al
débil, y así castigaremos para siempre su soberbia, doblegaremos su
altivez, pondremos fin a su codicia y a sus abusos y conseguiremos la
verdadera paz. "
Extractos del discurso relatado por el sacerdote Juan Barba, que fue prisionero y posteriormente amigo de los mapuche (1598)
