En su entrañable Habana, donde había nacido hace 89 años, se nos murió
Roberto Fernández Retamar, un imprescindible de la Patria Grande.
Es
muy duro, para los que tuvimos el privilegio de su amistad, admitir que
no volveremos a verlo, a escuchar su risa ronca, a reírnos -cómplices-
con sus divertidas anécdotas, con su finísimo sentido del humor. Para
quienes no lo conocieron queda la estampa intrigante de ese Quijote con
gorra, bastón, guayabera y lentes, de
gesto severo, desmentido por la mirada tierna. Como bien recuerda su
entrañable exégeta, Sergio Marelli, Roberto mismo se ocupó de aclarar
que se cobijaba bajo las apariencias: “si en lo exterior tengo figura de
Quijote, por dentro tengo más de Hamlet”.
Como un Pico della Mirandola de nuestra época, Roberto fue muchas cosas a la vez y en todas fue excelso.
Fue un gran poeta, un gran ensayista, un gran promotor y difusor de la
cultura latinoamericana y un gran revolucionario. Fue un leal militante
de la Revolución Cubana, sin perder por eso el sentido crítico, la
visión realista de los errores humanos, la capacidad de reacción ante
las desviaciones burocráticas.
Fernánez Retamar, al que Cintio
Vittier consideraba el lúcido y tierno poeta de las recatadas glorias
hogareñas, de las cariñosas tardes de su barrio, del amor y la amistad,
pero también de la ardiente intemperie del ser ante el enigma”, es
-simultáneamente- el pensador profundo de la realidad latinoamericana,
que se expresa en su magnífico “Calibán”, que estaba aumentando en los
días previos a su muerte; el director de la revista “Casa de las
Américas”, que cobijó a lo más granado del pensamiento latinoamericano y
de la propia institución Casa de las Américas, esa formidable caldera
cultural, que nació junto con la Revolución Cubana y la distinguió a
nivel mundial. Allí, en 1986, sucedió, durante tres décadas, a esa
combatiente de la primera hora que fue Haydee Santamaría.
A los que
quieran conocer en profundidad a Fernández Retamar, como el nexo de la
Cuba revolucionaria con la cultura internacional, les recomiendo un
libro extraordinario del ya citado Sergio Marelli, titulado
“Circunstancias de un poeta”, que no es una biografía, sino un desfile
fascinante de personajes y anécdotas, en el que marchan codo a codo
Lezama Lima, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Jean Paul Sartre,
Simone de Beauvoir, Ernest Hemingway, Alejo Carpentier, Louis Althusser,
Mario Benedetti, Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Octavio Paz, Ezequiel
Martínez Estrada, Rodolfo Walsh, David Viñas, Alfonso Reyes, León
Rozitchner, Silvio Rodríguez y, por supuesto Ernesto Ché Guevara y Fidel
Castro.
Toda una época. Gloriosa. Intensa. Opuesta a esta que
padecemos y que encarna como ninguna el título que le dio a la suya
Victor Serge: “Si es medianoche en el siglo”.

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